viernes, 19 de octubre de 2012

Dulces tentaciones. Columna Regaliz, Siglo 21


Las frutas se consumen de diversas formas, entre estas cocidas, combinadas con azúcar, con una preparación larga en algunos casos, pero que recompensa por el deleite que ofrecen. Un buen día podrá empezar con una rodaja de pan tostado con mermelada o jalea o bien una confitura de frutas del bosque.

La mermelada es la fina mezcla resultante de la cocción de la fruta con el azúcar, con una consistencia de un puré, por lo que al final no aparecen trozos de fruta. Para su preparación se utiliza fruta lavada a la que se le retiran las semillas, para ser cocinada con el azúcar en la misma proporción que el peso de la  fruta; se dejará hervir hasta que llegue al punto esperado. 

La jalea posee un color claro, brillante y vistoso, con una preparación gelatinosa y transparente. Su elaboración tiene mayor trabajo porque se debe extraer el jugo de la fruta que se va a emplear, para lo que es necesario cocinarla en agua y escurrir en un colador de manta para  posteriormente ser llevada al fuego con el azúcar y un espesante. La cantidad de azúcar dependerá del grado de pectina que contenga la fruta, que refiere a la fibra natural de la fruta que contribuye a espesar de forma natural y que reduce el tiempo de cocción. Se calcula la misma cantidad de azúcar por jugo de fruta y si la fruta seleccionada contiene menos pectina, se reducirá la cantidad de azúcar.

A diferencia de la confitura que ofrece la fruta entera o en trozos grandes, que a su vez es cocinada con azúcar y pectina y en el último momento se adiciona licor que la perfuma y aporta sabor. Su presentación permite  que se aprecie la fruta de una mejor manera, es menos dulce que la mermelada y más tersa.

Las opciones son inmensas, pero se utilizan preferentemente las bayas de saúco, las grosellas, el membrillo para las jaleas; las moras, fresas y frambuesas para las mermeladas y las ciruelas o albaricoques o los tomates para las confituras.

De manera que para lograr un resultado óptimo habrá que pesar la fruta para calcular la proporción de azúcar a utilizar, remover constantemente mientras se cocina y espumar la mezcla para eliminar las impurezas.

Estas posibilidades de preparación permiten aprovechar la fruta en su momento óptimo cuando están de temporada y baratas para elaborarlas y almacenarlas en frascos esterilizados para su futuro uso.

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